Y de repente... suelta una risotada burlona, ardiente, en la
pista de baile, que se mueve sin parar de un lado a otro de la baldosa azulada,
reluciendo... como sin saber qué hacer, como si la música no fuese con él, como
si nunca sus pies se hubieran movido de forma coordinada para llevar al compás
el 1-2-3 de las pisadas, olvidando aquella noche mágica en la que 4 pies se
movían como 1 solo.
