“En el fin no recordaremos las palabras de nuestros
enemigos, sino el silencio de nuestros amigos”.
No te debe preocupar, ni molestar algo que alguien, que no
debe importarte, ha hecho. Por muy doloroso que sea. Es un problema que
tiene la otra persona y que, sin saber cómo solucionarlo, arrebata contra
todo lo que le rodea, destrozando paredes, ventanas y dejando las puertas
hechas un mosaico. Sin saberlo, hace añicos los muebles que construían tu
azotea. Y por no poder abrir la mirilla, rompe la ventana.
Quédate con lo importante. Cosas que, sin saber por qué, te
hacen sonreír. Esa gente que te ha ayudado a crecer, y que de hecho, te ha
visto crecer. Que no has tenido el momento ni el lugar de agradecerle todo lo
que ha hecho por ti y que es posible que ni sepa que aprecias todo lo que ha
hecho por ti. Mejor no esperar a momentos extremos para dedicar un momentito a
que te enseñe los dientes. Que no cuesta nada.
Por eso y por muchas cosas más, me gustaría agradecer a esa
persona, que todos tenemos una, todo lo que ha hecho por mí.
De tus manos sale el brillo que me ha impulsado hasta donde
estoy.