El cielo está oscuro. Te despiertas y empieza a llover. Te
das una ducha. Desayunas y te vistes, empiezas por los calzoncillos,
pantalones, camiseta, chaqueta y terminas con un abrigo. Echas mano del
paraguas y sales a la calle. Hace frío y diluvia. Pero decides no abrir ese
pequeño complemento que llevas en las manos. Miras al cielo y abres los brazos.
Te entran ganas de gritar: “I’m singing in the rain!”. Aunque nunca hayas visto
la película. Empiezas a girar y cierras los ojos. Sientes como las gotas mojan
tu cara. Te entran ganas de pasar tu mano, recordando íntimamente la última vez
que lloraste, pero te das cuenta de que es el agua que cae del cielo. Sigues
girando. Olvidas por un momento que puedes marearte. Y pensando por primera vez
en tu vida que ahora no es el mundo el que gira alrededor de ti, sino que eres
tú el que haces girar al mundo. Dichoso gritas: “¡POR FIN!”. Y empapado, entras
en casa, dejas el paraguas, te secas y sigues con tu vida.
