sábado, 10 de diciembre de 2016

CERCA



Un gesto dice más que mil palabras.

Un gesto es la primera comunicación que, la mayoría de las veces, tenemos con las personas que nos rodean. Y muchas veces este gesto nos dice muchas cosas sobre la persona que, a continuación, vamos a conocer. Una sonrisa. Una mirada. Un levantamiento amistoso de cejas o esa mirada huidiza que indica su timidez, a veces confundida con antipatía.

Un gesto dice más que mil imágenes.

Ese gesto que la Gioconda esconde en su interior y del que nadie conoce el trasfondo, ¿Qué quiere decir? O, mejor dicho, ¿Qué quiere mostrar? Sin embargo, es una imagen, no deja de serlo, ¿Qué pasaría si a esa imagen le diésemos gestualidad? ¿Qué pasaría si a esa imagen le diéramos movimiento y vida? ¿Si esos ojos fuesen vidriosos y rebosasen almas y energías? Quizás la mayor obra de arte no fue la Mona Lisa sino su autor, que con una cantidad de ideas innumerable consiguió plasmar un gesto en una imagen y no solo estuvo cerca de conseguir que todo el mundo conociera su sonrisa sino que lo consiguió.

Rodea con tus manos el gesto. Pon una valla alrededor. Escribe en tu mirada y enseña al mundo lo que piensas a través de ella. Haz de tu campo de visión transparencia. Sincérate. Se honesto contigo. Abre tus ojos y ensalza con ellos tus ideas. Aproxímate. Más cerca. Ponte más cerca. Ponte más valla.

jueves, 3 de noviembre de 2016

A PENSAR



No quiero pensar, pensar es malo. Pensar hace que veas todo lo malo que te ocurre. Pensar te lleva a replantearte cosas que haces bien y que quizás, por pensar, dejas de hacerlas. Este tipo de cosas suelo escuchar cuando hablo con alguien de pensar…
Pero ¿Qué es realmente pensar? ¿Por qué es tan malo? ¿A dónde te lleva?
Bien, creo que hay situaciones en la vida por las cuales no solo debes pasar por ellas sino que ellas también deben pasar por ti. ¿Qué significa esto? Se viven muchas situaciones caóticas, a lo largo de nuestra existencia pasamos por una cantidad inmensa de problemas, grandes y pequeños… de toda índole. Estos problemas nos ayudan a crecer, a ser mejores personas, a aprender de los errores cometidos… pero no siempre, para llegar a esa situación y, por lo tanto, conseguir ese feedback, debes encontrar el camino en tus conexiones neuronales. Tú y sólo tú eres el dueño de tus neuronas, no así de tu subconsciente que piensa lo que le da la gana y si no eres capaz de controlarlo, él te controlará a ti. Tu subconsciente no tiene sentido del humor, sí tú piensas por un momento que no serás capaz de algo… ¡fácilmente no lo seas! Coge todos esos errores, piensa en ellos como si de un juego se tratara, únelos, conviértelos en algo positivo, puesto que todo lo que hacemos tiene algo positivo, tanto en su camino, como en su meta como en su intención inicial e intrínseca, recuérdala, pero no pienses en qué hubiera pasado si hubieras hecho tal cosa o tal otra en lugar de esa, el error ya está cometido, no hay forma de corregirlo, pero sí que la hay de aprender de esa situación. Ten tus minutos de soledad, los necesitas; piensa en ti, ¿Cómo me he sentido? ¿Cómo he reaccionado? ¿Qué creo que debería haber hecho? ¿Por qué no lo hice? Para que, en una situación parecida en un futuro tengas las suficientes herramientas para poder salir mejor del problema.
Incluso en el hecho de pensar… se puede fallar. ¡Claro que sí! Hay cosas en las que quizás no deberíamos pensar… o tal vez no de la manera en que lo hacemos. Somos muy pesimistas; le damos demasiadas vueltas a cosas, en ocasiones, demasiado simples; etc. pero esto también es necesario, también debemos pensar en cómo pensamos puesto que también es uno de nuestros mayores errores. No nos conocemos, no sabemos quiénes somos, cómo pensamos, porqué pensamos así, qué nos gusta; aunque, muchas veces sí que sabemos cosas negativas y, es más, las ponemos por delante de nosotros, no me gusta el pescado, no me gusta el brócoli, no me gusta el reggaetón, no me gusta el rap, no me gusta el futbol, no me gustan los sillones de piel. Pues a mí no me gustan los “no me gusta”. A mí me gusta esa gente que le dices: me voy a comprar un teléfono de tal marca, y te dice: ¡Ah! ¡Qué pasada! Me han hablado muy bien de ese teléfono, aunque no he tenido buena experiencia con él, pero conozco gente a la que le funciona muy bien. Por supuesto… si no te ha ido bien con algo, no tienes que decir, es una maravilla, todo el tiempo que estuve con ese teléfono me sentí pleno y lleno de felicidad, pero dudo que todas tus experiencias con algo sean malas…
A pensar se aprende pensando, a pensar bien se aprende pensando mucho, bien y mal. (Miguel de Guzmán)

lunes, 10 de octubre de 2016

EN BUSCA DEL TESORO. CAPITULO 3: LA FELICIDAD DE LAS NIÑAS

     Llegaron hasta el rio, se sentaron bajo un árbol y cuando recuperaron 
el aliento Sheila preguntó: 
          -¿Lo encontraste? Creo que no ¿verdad? No veo ningún tesoro. 
          -No- Dijo Ana recuperando todavía el habla y sacando algo del bol-
            sillo continuó hablando-bueno pero encontré otro pergamino. 
          -A ver ¡Ábrelo Ana por favor!- Dijo Sheila muy excitada ayudando
            a Ana a desenrollarlo. 
          -Espera, hay algo escrito, vamos a ver que dice- dijo y carraspeando
            se dispuso a leer –“mirar en el mapa, la Cascada de Plata, veréis de-
            trás de ella una cueva no muy profunda a la que se llega por un ca-
            mino de piedras, ¡Arregláoslas para encontrar la entrada y cuando 
            ya estéis dentro, seguid leyendo el pergamino. 
          -Sheila, se hace tarde, debemos irnos a casa. 
          -No ¿Cómo vamos a dejar la búsqueda ahora?- contestó Sheila -aho-
            ra soy yo la que no quiero dejar de buscar, y ahora te toca a ti hacer
            por mí un esfuerzo. 
          -Pero nuestros padres se asustarán. 
          -Espera-dijo Sheila y metiendo dos dedos en la boca, dio un silbido 
            de competición. Ana casi salta de susto, el perro de Sheila, Eliel, 
            venía corriendo como una bala. 
           -¿Qué estás pensando? 
           -Arranca un trozo que no esté escrito del 1º pergamino-Dijo Sheila-
            siempre llevo un lapicero en el bolsillo, me trae suerte je je. 
           -¿Pero a mis padres como los avisaremos?
           -Le diremos a los míos que llegaremos tarde y que tengo una nueva
            amiga, que avisen a sus padres. ¿Dónde vives Ana? 
           -Pues somos vecinas, Sheila, así que no les costará mucho encontrar 
             mi casa, vivo justo frente a tu hermosa casa.
     Sheila escribió la nota y añadió: "no os preocupéis, iremos cuando termi-
nemos, esto es importante para nosotras” Después se la puso en el collar a 
Eliel y le dijo: 
           -Llévasela a mamá. 
     Como ya habían descansado lo suficiente, se fueron corriendo hacia la
cascada. Llegaron y al final de un camino, se veía la Cascada como ponía
en el pergamino. 
           -Allí a lo lejos- dijo Ana 
           -Si, aquí hay un camino. 
           -Y tiene muchas piedras. 
           -¡Corre!, ¡vamos! -dijeron las dos a dúo.
     Era un camino un poco difícil de pasar, pero lo lograron, La Cascada 
era enorme y preciosa. Quedaron asombrados de lo bonita que estaba, La 
luz entraba a través de la cortina de agua, parecía que los colores que había
detrás del agua, como el verde de la hierba, el rosa, rojo y violeta de las flo-
res, eran colores del agua pintados con acuarela.ana pensó que podría estar
horas mirando tanta belleza. Detrás de las niñas, estaba la cuevecita, más pa-
recía un hueco en la pared que una cueva realmente. A la izquierda del hue-
co había unas escaleras muy antiguas, muy pequeñas que parecían de caracol.
Siguieron leyendo y decía así. -“Subid por ellas con mucho cuidado y cuando 
lleguéis seguir leyendo” 
           -Vamos.-dijo Ana.
     Intentó subir un pie pero por su peso, se rompió el escalón. 
           -Fíjate bien Ana, no hace falta subir por esta escalera tan peligrosa, la 
             cruz roja esta en esta otra parte del rio. Sheila se quito el vestido y le 
             dijo a Ana que la atara con una cuerda (otra gran casualidad) y des-
             pués el otro extremo lo atara a un árbol. 
           -Menos mal que en Paraguay siempre tenemos calor-dijo Sheila, mien-
             tras se metía en el agua. 
     Se les hizo muy fácil, en unos segundos Sheila salió a la superficie con un 
cofre. Ana le ayudo a salir del agua tirando de la cuerda. Estaban tan emocio-
nadas que no atinaban a abrirlo. Al fin Ana encontró una piedra plana y peque-
ña con la que dio dos vueltas a la cerradura, y sonó un ¡click! Con los dedos, 
levantó la cerradura y… ¡Era otro pergamino! Sheila lo cogió con dedos ner-
viosos. 
           -Léelo Sheila.-dijo impaciente Ana 
           -Dice así: “lo encontrasteis, tenéis que estar muy felices, el tesoro es: 
            VUESTRA AMISTAD, no es como los de los cuentos no tiene joyas,
            es mucho más valioso, más importante, os habéis hecho muy amigas 
            y eso es lo que vale, es el mayor de los tesoros” Y de repente una voz,
            unas risas se oyeron a lo lejos y decían: 
           -Y que… ¿lo habéis pasado muy bien? 
           -¡Mamá!- Dijeron las dos juntas-¡Papá!-Repitieron a la vez. Detrás de
             una gran roca, salieron riendo los 4 padres, las niñas vieron que el pa-
             pá de Ana llevaba una gran piel de oso en los brazos, en seguida enten-
             dieron que él se había disfrazado de gran oso. Entre risas les explica-
             ron que eran antiguos amigos, que habían organizado todo para que se
             conocieran y fueran amigas, y que habían disfrutado viéndolas pues las
             habían seguido de cerca, pero habían pasado mal rato cuando Ana quiso
             subir por aquella vieja escalera y estuvieron a punto de desvelar la broma, 
             luego todo salió bien. Y así nació una bonita amistad que fue el mayor te-
             soro que tuvieron aquellas dos niñas.

jueves, 25 de agosto de 2016

EN BUSCA DEL TESORO. CAPITULO 2: EN BUSCA DEL TESORO


     En menos de quince minutos estaban en el sitio señalado.

     Las dos miraron hacia adelante. Se les abrió la boca por el miedo que les entró al ver que la X señalaba el interior de la Cueva del Gran Oso.

     Cuando Sheila vio que Ana estaba tan asustada dijo:

          - ¡Mejor lo dejamos para otro día!

          - ¡No! -gruñó Ana- No te rajes ahora. Yo pienso entrar. Voy a contar los cien pasos desde este
            árbol que señala el mapa. A ver a dónde me lleva.

          - Pero... ¿y si viene el gran oso?

          - ¿Qué dices? Eso es una leyenda -dijo Ana-. Vivo hace mucho tiempo aquí, y nunca vi un oso.

          - Si tú lo dices...

          - ¡Vamos Sheila! ¡Venga, anímate! ¿No tienes curiosidad por llegar al final? -Mientras le decía esto
            la iba empujando.

     La cueva no era nada profunda, el sol entraba hasta el final y se veía perfectamente. De repente, todo se oscureció, solo se veía una gran sombra de...

          - ¡El gran oso! -dijo Ana mientras sacaba una linterna de su bolsillo.

     Un oso enorme tapaba la entrada y no dejaba pasar la luz.

          - ¿Para qué sacas la linterna? -la cara india y morena de Sheila se puso blanca de repente-
            ¿Vámonos de aquí!

          - ¡No! Tu distráelo que yo busco el tesoro.

          - ¡Estás loca! ¡Meva a matar! Yo me voy ahora mismo.

          - No, por favor, hazlo por mí.

          - ¡Vale! ¡Pero cómo?

          - Intenta sacarlo de aquí. Ten esta linterna, enciéndela, intenta llegar con la luz a sus ojos y sal
            corriendo. Dicen que el Gran oso parece muy fiero pero no hace nada -dijo Ana para que su amiga no
             se sustara, pero no era verdad.

     Y así lo hizo. Mientras, Ana empezó a escavar donde señalaba la X y encontró otro peramino y se lo guardó. Dio la grandísima casualidad de que había un trozo de carne tirado en el suelo, Ana lo cogió y dijo:

          - ¡Eh oso perezoso...! ¡Mira lo que tengo!

      Cuando el oso lo vio fue corriendo a por él, ella se lo tiró al fondo de la cueva y se fue en dirección contraria. Las dos niñas salieron corriendo de la cueva y se alejaron.

martes, 28 de junio de 2016

EN BUSCA DEL TESORO. CAPITULO 1: EL EXTRAÑO LIBRO

     Os voy a contar la historia de Ana, era alta y rubia, con el pelo liso y largo, sus ojos eran de un azul cielo precioso. Solía vestir con pantalón y camiseta de camuflaje, la camisa corta, de tirantes, y los pantalones hasta los tobillos.

     Vivía en Paraguay, un país donde hace muchísimo calor, y nunca han visto nevar.

     Ana era como un chico y no le gustaban las muñecas, solo los juegos de acción.

     Un día, Ana estaba paseando frente a su casa, lo hacía a veces, recogiendo los papeles o botes que la gente sucia y descuidada tiraba en el campo. Ella adoraba la naturaleza, desde pequeñita le encantaba jugar con los gatos y perros abandonados. Era feliz en el campo, con la naturaleza. Ese día, mientras revisaba cuidadosamente que no hubiera suciedad, torpezó con algo. pensó que era una piedra. no se veía bien, porque en ese trocito las altas hierbas no dejaban ver nada,; las movió hacia un lado y encontró un libro. Era viejo, estaba húmedo y sucio, tanto que no se veían los dibujos de la pasta.

     Lo abrió y... ¡Era su libro de lengua! "Si lo dejé en la estantería" -pensó- "¿Cómo habrá llegado hasta aquí! Y está mojado ¿cuándo habrá llovido?"

     Pasó todas las páginas para ver si faltaba alguna y, de repente, algo cayó al suelo. Dejó el libro con cuidado y empezó a buscar entre las altas hierbas. Enseguida oyó algo como un ruido de de ramitas. Imaginó asustada, que lo que había caído del libro era una culebra, o algo parecido, y buscó con más cuidado, por silas moscas. Pero ahora lo que sonó fue más fuerte, y ya sed dio cuenta de que eran los arbustos junto al camino los que sonaban. De repente, como de la nada, apareció un perro.

     A Ana le e encantaban los animales, le acarició la cabeza y dijo: 

                -  Así que tú eras  quien hacía ese ruido ¿eh?

     Mientras le acariciaba el pelo, el perro cogió con la boca el libro y salió corrriendo hasta llegar a una casa en la que entró. Era la casa cercana que siempre le había gustado a Ana, y siempre había deseado saber cómo era por dentro. 

     Desde dentro se oyó una voz suave diciendo:

                - ¡Ya era hora de que vinieras! ¡Encontraste mi libro de lengua...!

     Y de la casa en la que había entrado el perro salió una niña. su cara le pareció muy dulce a Ana. Su pelo negro caía por los hombros: Sus ojos eran marrones. Era alta, y su vestido era azul oscuro, llegaba hasta las rodillas y acababa en formas de hoja. A Ana esas formas le recordaron a un hada como esas de los cuentos que siempre le había gustado leer.

     Ana, después de observar a la niña durante un breve momento, siguió buscando entre las hierbas. Al fin encontró un pergamino cerrado. Mientras se levantaba lo iba abriendo. Ya de pie echó el pergamino a un lado. Frente a ella estaba la dulce y extraña niña.

                - ¡Hola! -dijo, por no parecer grosera.

                - Hola - saludó al mismo tiempo la desconocida.

                - ¿Cómo te llamas?

                - Ana ¿y tú?

                - Sheila ¿tu vives...?

                - ¿Eres nueva en esta zona? - Preguntó Ana sin dejarla terminar.

                - Sí.

     Ana abrió el pergamino y vio que era un mapa de una zona que ella conocía muy bien: el monte de la Cueva del Gran Oso, del río Pilcomayo. También estaba dibujada la Cascada de Plata y había también una cruz roja. Ana pensó que podría ser el mapa de un tesoro.

                - Supongo que es tuyo - dijo con voz triste.

                - Sí, pero si quieres podremos buscar juntas el tesoro, encontré el mapa en el desván de mi
                  nueva casa.

     Ana se quedó boquiabierta y dijo:

                - ¡Cla... cla... claro que sí! ¡Claro que sí! O sea que ¿de verdad es un mapa de un tesoro?

                - Pues eso creo ¿Qué otra cosa puede ser?

     Y mientras Ana señalaba el mapa, decía:

                - Mira la cruz roja, está aquí cerca del río, junto a la Cueva del Gran Oso. ¿Vamos a ver
                  quién hay allí?

                - ¡Vamos, corre!

jueves, 5 de mayo de 2016

VESTIGIOS



Vestigios.

Pasó, dejó marcado a fuego su estela. Puedo sentir sus latidos. Veo a través de sus ojos. Pero siento que al ya no estar, ya no existes; parezco un niño pequeño que me tapo los ojos con las manos para que no me vean. Ojos que no ven, corazón delincuente. 

Delinques. Tú y todos. ¿Cuántas veces habremos hecho daño sin saberlo? Precisamente por no saberlo. No. No por no saber que hacemos daño. Por no saberlo.
No me doy cuenta. No alcanzo a comprender muchas cosas. Cosas sobre mí. Cosas sobre ti. Cosas sobre todo esto que nos rodea. Eso es lo que me hace grande. ¿Por qué cuando estamos de bajón solo vemos las cosas malas? ¡Sólo vemos fatalidades! Igual que una embarazada solo ve más embarazadas o un lesionado ve lesiones. Pero… ¡¿Dónde estoy yo cuando me necesito?!
Y volvemos a los ojos que no ven…