Llegaron hasta el rio, se sentaron bajo un árbol y cuando recuperaron
el aliento Sheila preguntó:
-¿Lo encontraste? Creo que no ¿verdad? No veo ningún tesoro.
-No- Dijo Ana recuperando todavía el habla y sacando algo del bol-
sillo continuó hablando-bueno pero encontré otro pergamino.
-A ver ¡Ábrelo Ana por favor!- Dijo Sheila muy excitada ayudando
a Ana a desenrollarlo.
-Espera, hay algo escrito, vamos a ver que dice- dijo y carraspeando
se dispuso a leer –“mirar en el mapa, la Cascada de Plata, veréis de-
trás de ella una cueva no muy profunda a la que se llega por un ca-
mino de piedras, ¡Arregláoslas para encontrar la entrada y cuando
ya estéis dentro, seguid leyendo el pergamino.
-Sheila, se hace tarde, debemos irnos a casa.
-No ¿Cómo vamos a dejar la búsqueda ahora?- contestó Sheila -aho-
ra soy yo la que no quiero dejar de buscar, y ahora te toca a ti hacer
por mí un esfuerzo.
-Pero nuestros padres se asustarán.
-Espera-dijo Sheila y metiendo dos dedos en la boca, dio un silbido
de competición.
Ana casi salta de susto, el perro de Sheila, Eliel,
venía corriendo como una bala.
-¿Qué estás pensando?
-Arranca un trozo que no esté escrito del 1º pergamino-Dijo Sheila-
siempre llevo un lapicero en el bolsillo, me trae suerte je je.
-¿Pero a mis padres como los avisaremos?
-Le diremos a los míos que llegaremos tarde y que tengo una nueva
amiga, que avisen a sus padres. ¿Dónde vives Ana?
-Pues somos vecinas, Sheila, así que no les costará mucho encontrar
mi casa, vivo justo frente a tu hermosa casa.
Sheila escribió la nota y añadió: "no os preocupéis, iremos cuando termi-
nemos, esto es importante para nosotras” Después se la puso en el collar a
Eliel y le dijo:
-Llévasela a mamá.
Como ya habían descansado lo suficiente, se fueron corriendo hacia la
cascada.
Llegaron y al final de un camino, se veía la Cascada como ponía
en el pergamino.
-Allí a lo lejos- dijo Ana
-Si, aquí hay un camino.
-Y tiene muchas piedras.
-¡Corre!, ¡vamos! -dijeron las dos a dúo.
Era un camino un poco difícil de pasar, pero lo lograron, La Cascada
era enorme y preciosa. Quedaron asombrados de lo bonita que estaba, La
luz entraba a través de la cortina de agua, parecía que los colores que había
detrás del agua, como el verde de la hierba, el rosa, rojo y violeta de las flo-
res, eran colores del agua pintados con acuarela.ana pensó que podría estar
horas mirando tanta belleza.
Detrás de las niñas, estaba la cuevecita, más pa-
recía un hueco en la pared que una cueva realmente.
A la izquierda del hue-
co había unas escaleras muy antiguas, muy pequeñas que parecían de caracol.
Siguieron leyendo y decía así.
-“Subid por ellas con mucho cuidado y cuando
lleguéis seguir leyendo”
-Vamos.-dijo Ana.
Intentó subir un pie pero por su peso, se rompió el escalón.
-Fíjate bien Ana, no hace falta subir por esta escalera tan peligrosa, la
cruz roja esta en esta otra parte del rio.
Sheila se quito el vestido y le
dijo a Ana que la atara con una cuerda (otra gran casualidad) y des-
pués el otro extremo lo atara a un árbol.
-Menos mal que en Paraguay siempre tenemos calor-dijo Sheila, mien-
tras se metía en el agua.
Se les hizo muy fácil, en unos segundos Sheila salió a la superficie con un
cofre. Ana le ayudo a salir del agua tirando de la cuerda.
Estaban tan emocio-
nadas que no atinaban a abrirlo.
Al fin Ana encontró una piedra plana y peque-
ña con la que dio dos vueltas a la cerradura, y sonó un ¡click! Con los dedos,
levantó la cerradura y…
¡Era otro pergamino!
Sheila lo cogió con dedos ner-
viosos.
-Léelo Sheila.-dijo impaciente Ana
-Dice así:
“lo encontrasteis, tenéis que estar muy felices, el tesoro es:
VUESTRA AMISTAD, no es como los de los cuentos no tiene joyas,
es mucho más valioso, más importante, os habéis hecho muy amigas
y eso es lo que vale, es el mayor de los tesoros”
Y de repente una voz,
unas risas se oyeron a lo lejos y decían:
-Y que… ¿lo habéis pasado muy bien?
-¡Mamá!- Dijeron las dos juntas-¡Papá!-Repitieron a la vez.
Detrás de
una gran roca, salieron riendo los 4 padres, las niñas vieron que el pa-
pá de Ana llevaba una gran piel de oso en los brazos, en seguida enten-
dieron que él se había disfrazado de gran oso.
Entre risas les explica-
ron que eran antiguos amigos, que habían organizado todo para que se
conocieran y fueran amigas, y que habían disfrutado viéndolas pues las
habían seguido de cerca, pero habían pasado mal rato cuando Ana quiso
subir por aquella vieja escalera y estuvieron a punto de desvelar la broma,
luego todo salió bien.
Y así nació una bonita amistad que fue el mayor te-
soro que tuvieron aquellas dos niñas.
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