martes, 28 de junio de 2016

EN BUSCA DEL TESORO. CAPITULO 1: EL EXTRAÑO LIBRO

     Os voy a contar la historia de Ana, era alta y rubia, con el pelo liso y largo, sus ojos eran de un azul cielo precioso. Solía vestir con pantalón y camiseta de camuflaje, la camisa corta, de tirantes, y los pantalones hasta los tobillos.

     Vivía en Paraguay, un país donde hace muchísimo calor, y nunca han visto nevar.

     Ana era como un chico y no le gustaban las muñecas, solo los juegos de acción.

     Un día, Ana estaba paseando frente a su casa, lo hacía a veces, recogiendo los papeles o botes que la gente sucia y descuidada tiraba en el campo. Ella adoraba la naturaleza, desde pequeñita le encantaba jugar con los gatos y perros abandonados. Era feliz en el campo, con la naturaleza. Ese día, mientras revisaba cuidadosamente que no hubiera suciedad, torpezó con algo. pensó que era una piedra. no se veía bien, porque en ese trocito las altas hierbas no dejaban ver nada,; las movió hacia un lado y encontró un libro. Era viejo, estaba húmedo y sucio, tanto que no se veían los dibujos de la pasta.

     Lo abrió y... ¡Era su libro de lengua! "Si lo dejé en la estantería" -pensó- "¿Cómo habrá llegado hasta aquí! Y está mojado ¿cuándo habrá llovido?"

     Pasó todas las páginas para ver si faltaba alguna y, de repente, algo cayó al suelo. Dejó el libro con cuidado y empezó a buscar entre las altas hierbas. Enseguida oyó algo como un ruido de de ramitas. Imaginó asustada, que lo que había caído del libro era una culebra, o algo parecido, y buscó con más cuidado, por silas moscas. Pero ahora lo que sonó fue más fuerte, y ya sed dio cuenta de que eran los arbustos junto al camino los que sonaban. De repente, como de la nada, apareció un perro.

     A Ana le e encantaban los animales, le acarició la cabeza y dijo: 

                -  Así que tú eras  quien hacía ese ruido ¿eh?

     Mientras le acariciaba el pelo, el perro cogió con la boca el libro y salió corrriendo hasta llegar a una casa en la que entró. Era la casa cercana que siempre le había gustado a Ana, y siempre había deseado saber cómo era por dentro. 

     Desde dentro se oyó una voz suave diciendo:

                - ¡Ya era hora de que vinieras! ¡Encontraste mi libro de lengua...!

     Y de la casa en la que había entrado el perro salió una niña. su cara le pareció muy dulce a Ana. Su pelo negro caía por los hombros: Sus ojos eran marrones. Era alta, y su vestido era azul oscuro, llegaba hasta las rodillas y acababa en formas de hoja. A Ana esas formas le recordaron a un hada como esas de los cuentos que siempre le había gustado leer.

     Ana, después de observar a la niña durante un breve momento, siguió buscando entre las hierbas. Al fin encontró un pergamino cerrado. Mientras se levantaba lo iba abriendo. Ya de pie echó el pergamino a un lado. Frente a ella estaba la dulce y extraña niña.

                - ¡Hola! -dijo, por no parecer grosera.

                - Hola - saludó al mismo tiempo la desconocida.

                - ¿Cómo te llamas?

                - Ana ¿y tú?

                - Sheila ¿tu vives...?

                - ¿Eres nueva en esta zona? - Preguntó Ana sin dejarla terminar.

                - Sí.

     Ana abrió el pergamino y vio que era un mapa de una zona que ella conocía muy bien: el monte de la Cueva del Gran Oso, del río Pilcomayo. También estaba dibujada la Cascada de Plata y había también una cruz roja. Ana pensó que podría ser el mapa de un tesoro.

                - Supongo que es tuyo - dijo con voz triste.

                - Sí, pero si quieres podremos buscar juntas el tesoro, encontré el mapa en el desván de mi
                  nueva casa.

     Ana se quedó boquiabierta y dijo:

                - ¡Cla... cla... claro que sí! ¡Claro que sí! O sea que ¿de verdad es un mapa de un tesoro?

                - Pues eso creo ¿Qué otra cosa puede ser?

     Y mientras Ana señalaba el mapa, decía:

                - Mira la cruz roja, está aquí cerca del río, junto a la Cueva del Gran Oso. ¿Vamos a ver
                  quién hay allí?

                - ¡Vamos, corre!