domingo, 12 de octubre de 2014

PODRÍA...

Y ¿si no te vuelvo a ver pintar un corazón de tiza en la pared?



A veces un pensamiento turbia tu mente, distorsiona tu mirada. Te cambia. Hace que seas, en ocasiones, peor; porque no encuentras en nada más que en la luz de esa aurora tu sensación de libertad. Caminas por un arcoíris turbio, tibio, descolorido. El altar se tuerce rompiendo la vitrina que protege tus manías, que maneja tus epifanías, que decide lo que quieres y no quieres descubrir. Cuando la sonrisa no se dibuja en tu rostro sino en tu interior es cuando consigues de verdad mostrar lo que quieres ser, la mutación intrínseca que luchas por desatar. Una música en tu interior desgarra los tejidos, que descontrolados, forcejean porque mantengas tu camino; sin embargo, esa música, sin saber cómo, cambia el ritmo, se acelera consiguiendo que la canción termine antes. Y esa sonrisa que un día iluminó tus ojos junta los labios, entrelaza sus pestañas y te encierras en tu caparazón. La nueva misión será abrir de nuevo los ojos, buscar en el muro restos de tiza que te hagan aprender y crecer, evitando chocar contra él.

Había escrito su nombre dentro.