Y ¿si no te vuelvo a ver pintar un corazón de tiza en la
pared?
A veces un pensamiento turbia tu mente, distorsiona tu
mirada. Te cambia. Hace que seas, en ocasiones, peor; porque no encuentras en
nada más que en la luz de esa aurora tu sensación de libertad. Caminas por un arcoíris
turbio, tibio, descolorido. El altar se tuerce rompiendo la vitrina que protege
tus manías, que maneja tus epifanías, que decide lo que quieres y no quieres
descubrir. Cuando la sonrisa no se dibuja en tu rostro sino en tu interior es
cuando consigues de verdad mostrar lo que quieres ser, la mutación intrínseca que
luchas por desatar. Una música en tu interior desgarra los tejidos, que descontrolados, forcejean porque mantengas tu camino; sin embargo, esa música,
sin saber cómo, cambia el ritmo, se acelera consiguiendo que la canción termine
antes. Y esa sonrisa que un día iluminó tus ojos junta los labios, entrelaza
sus pestañas y te encierras en tu caparazón. La nueva misión será abrir de
nuevo los ojos, buscar en el muro restos de tiza que te hagan aprender y
crecer, evitando chocar contra él.Había escrito su nombre dentro.
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