miércoles, 12 de diciembre de 2012

COMO DAR VUELTAS AL MUNDO


El cielo está oscuro. Te despiertas y empieza a llover. Te das una ducha. Desayunas y te vistes, empiezas por los calzoncillos, pantalones, camiseta, chaqueta y terminas con un abrigo. Echas mano del paraguas y sales a la calle. Hace frío y diluvia. Pero decides no abrir ese pequeño complemento que llevas en las manos. Miras al cielo y abres los brazos. Te entran ganas de gritar: “I’m singing in the rain!”. Aunque nunca hayas visto la película. Empiezas a girar y cierras los ojos. Sientes como las gotas mojan tu cara. Te entran ganas de pasar tu mano, recordando íntimamente la última vez que lloraste, pero te das cuenta de que es el agua que cae del cielo. Sigues girando. Olvidas por un momento que puedes marearte. Y pensando por primera vez en tu vida que ahora no es el mundo el que gira alrededor de ti, sino que eres tú el que haces girar al mundo. Dichoso gritas: “¡POR FIN!”. Y empapado, entras en casa, dejas el paraguas, te secas y sigues con tu vida. 

lunes, 12 de noviembre de 2012

Rojo y verde



Chispeante, saltan gotas de fuego escapando de la masa vulgar de la llamarada. Huyendo hacia la hierba que aun húmeda intenta secarla. Acabar con ese color vivo que lleva dentro de sí por culpa de esa biomolécula que le permite hacer la fotosíntesis. Y a punto de ser aniquilada, esa hoja desnuda pierde ese color verde característico, para encontrarse con un amarillo que en décimas de segundo pasa de un negro a otro, debido al calor desprendido por la chispa. Perdiendo el azul y el naranja al mismo tiempo que la vida. Mientras el rosa y el celeste producido en la luna del atardecer, se transforma en gris.

viernes, 12 de octubre de 2012

AQUEL WALLS



 Y de repente... suelta una risotada burlona, ardiente, en la pista de baile, que se mueve sin parar de un lado a otro de la baldosa azulada, reluciendo... como sin saber qué hacer, como si la música no fuese con él, como si nunca sus pies se hubieran movido de forma coordinada para llevar al compás el 1-2-3 de las pisadas, olvidando aquella noche mágica en la que 4 pies se movían como 1 solo.