Hace muchos años hubo un accidente de consecuencias
indescriptibles en palabras en una ciudad llamada Chernobyl. Este accidente
provocó una terrible radiación y lo que eso supone, muchísima gente enferma de
cáncer y con tremendas malformaciones en el cuerpo. Otra de las consecuencias
que tuvo fue una lluvia de una sustancia infectada, llamada lluvia ácida.
Esta lluvia se extendió y empezó a caer sobre Alemania… entre otros lugares.
El agua que caía se convirtió, lógicamente, en riego para cultivos, predominantemente forraje para animales, es decir, hierba que estaba predestinada a ser
alimento de unas vacas de granjas de leche. Y así fue, sirvió de alimento
para estos animales; cuando se descubrió el crasísimo error, se prohibió que
esa leche saliera al mercado. Pero, ¿qué iba a hacer este país con esa
enorme producción de leche que no podía ser utilizada?
Meses después se descubre que se están enviando cargamentos
de leche en polvo de forma humanitaria a países de África con graves problemas
de hambre. Investigaciones posteriores dejaron claro que esta leche en polvo
era sin duda la que se había descartado y prohibido su venta.
Sin darnos cuenta, y al igual que hace la melatonina con
nuestro cerebro cuando nos vamos a dormir, uno de los países más
industrializados y más evolucionados del mundo, decidió dar un pasito hacia
delante y aprovechar que la globalización no globaliza a todo el globo.
