martes, 14 de marzo de 2017

EN UN PAÍS EXTRANJERO



Quiero hacer una entrada diferente hoy.  200 días lejos de casa (aunque haya vuelto por navidad, como en el anuncio). Han sido 200 días difíciles. 200 días en los que he tenido que aprender una cultura diferente, adaptarme a ella y en muchos aspectos adoptarla también.  200 días en los que he pasado por muchos baches, altibajos y momentos duros; momentos en los que lo único que se me venía a la mente era dejarlo todo y volverme a España, a mi querida Salamanca. Momentos en los que he detestado ese frío que duele y esa lluvia que tú no ves caer pero que te mojas igual. Momentos en los que te miras los zapatos y ves que no tienes ni un solo par limpio, todos embarrados (al igual que el bajo de tus pantalones). Momentos en los que sientes que tu cabeza va a reventar y te encierras con una pantalla en tu habitación solo para ponerte videos en español para poder descansar. Momentos, también, de cansancio físico, Londres es una ciudad gigantesca en la que para ir a “aquí al lado” te comes, tranquilamente, media hora de metro o 45 minutos de autobus. En la que la soledad muchas veces llama a tu puerta y quieres buscar amigos hasta debajo de las rocas (afortunadamente yo estoy en una familia que, además, es de un trato fácil y se puede hablar con ellos), buscas gimnasios, clases de música, ligas de baloncesto, clases de judo, clases de francés… ¡Cómo si no tuviera suficiente con el inglés!, ¡Incluso manualidades!
Sin embargo… eso no dejan de ser momentos. Momentos puntuales. Pero “life is not the amount of breaths you take, it’s the moments that take your breath away.” (Frase de la película Hitch). Y hay muchos momentos buenos en contraparte. Ha habido momentos increíblemente felices aquí; momentos en los que he aprendido mucho, en los que me he llenado de satisfacción. He conocido personas increíblemente buenas, con las que sé que podré contar siempre. He conocido ciudades de cuento, tanto en sentido figurado como York (ciudad preciosa a la que recomiendo ir), como literal como Pitlochry. He tocado ciervos, fotografiado ardillas, sido perseguido por un zorro… salgámonos de la fauna, ja ja. He visitado el jardín botánico de Oxford y sus muséos y enormes Colleges (en uno de ellos se grabaron las escenas de Hogwards de Harry Potter). Me he arrepentido muchas veces de no tener una buena cámara de fotos conmigo, porque he visto lugares increíblemente preciosos. Me he adentrado en el skyfall escocés, he buscado a Nessy y he descubierto que el significado de Dublin y London en sus respectivos antiguos idiomas es el mismo “black pool”. He visto en primera persona como los ingleses lloran, se desesperan y otros se ríen asumiendo lo estúpidos que han sido al votar “OUT” en el “Brexit” (no lo pongo como algo positivo, sino como que he vivido algo que creo que será clave en la historia de este país).
Estoy muy contento con la decisión de venir a Londres y lo estaré de por vida, a la par que agradecido por todo lo que esta ciudad, este país y este momento, que me está dejando sin aliento, me está regalando.

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