jueves, 11 de abril de 2013

Nefertiti



Láo Lā, mujer de 20 años perteneciente a una tribu Mosuo, en 1950, cansada de vivir siempre en el Tibet aun sabiendo que aquí tiene todo lo que quiere, que es dueña no solo de su vida sino de la vida de toda su familia.
Decide que quiere irse a vivir a Chioggia, un pueblo veneciano. Aprende el idioma. Empieza a estudiar la carrera de derecho. Con motivo de, al igual que hacía en su tribu, poder organizar un poco la política del país, y aconsejar y dirigir al hombre que gobierna. Poco después, en la asignatura de historia de la democracia, sus pies tocan tierra. Descubre que Rousseau decía: la opinión general es la opinión de cada uno. Lo que quiere decir que cada uno tiene que votar por el interés de todos y no por el suyo propio. Pero entonces para poder subsistir, comer, beber, dormir… ¿Quién sería egoísta? La mujer. La mujer cuidaría de él, le mantendría, sería egoísta por los dos. Y un par de temas más adelante, en la misma asignatura Kant le abría los ojos diciendo: Sólo pueden votar aquellos que tienen propiedades, porque los pobres votarían el interés de los que los sustentan. La siguiente frase a pie de página con un numerito, matiza “DE LA MISMA MANERA QUE LAS MUJERES Y LOS NIÑOS TAMPOCO PUEDEN”.
Tras esto, Láo Lā, decide buscar trabajo. Para poder llevar una economía y poder fundar una familia típica mosuo, encontrar un hombre que hiciera las tareas de la casa. Que fuese a comprar. Mientras ella, trabajaba y controlaba la economía familiar y todo lo que ganase, sería para su hija mayor. ¿Cuál fue su sorpresa cuando encontraba un hombre y este desaparecía? Debido a que en la primera “cita” ella les ofrecía tener un hijo y que él desapareciera de las funciones a las que estaba acostumbrado.
Recibiendo insultos de todo tipo, va asentándose en una civilización a la que no está acostumbrada. Como no encontró ningún hombre, decidió buscar trabajo. Italia. Años 50. Mujer busca trabajo. Lógicamente le resulta imposible encontrar algo normal, así que deja los estudios y se pone a limpiar. Solo le queda de su antigua vida el idioma, ya que el nombre lo perdería nada más llegar, poniéndole un apodo. ¿Dónde queda el poder que antes tenía? En el mismo sitio en el que quedaron todas sus ideas matriarcales. Entonces empieza a relacionar con sus conocimientos obtenidos en la carrera: ¿Cuándo se le ha dado poder a una mujer? Isabel la católica, para poder continuar la monarquía, Cleopatra, para echarle la culpa a alguien del hundimiento del imperio egipcio.
Indignada, decide volver a su Tibet natal y volver a ser la reina de su núcleo familiar.
Saliéndonos de la historia. Incluso ahora, el hombre cobra de media 4000 euros más que la mujer, no se la quiere para ciertos trabajos y tienen mayor dificultad para conseguir otros por motivo de su posibilidad de quedar embarazada. Tampoco se encuentran muchas mujeres entre “las cabezas mejores pensantes de la tierra”. Y sin embargo, ya quisiéramos nosotros tener la cabeza de ellas, y ¿Qué no tenemos “nosotras” que ellos si tienen? ¿Para qué queremos ser más rápidos si tenemos las motos, aguantar más si tenemos el avión, ser más fuertes si tenemos la grúa? ¿El control de la violencia? Esprays de pimienta…  ¿qué tienen ellos que no tengan ellas si esto nos lo da la tecnología? ¿Por qué razón Láo Lā tuvo un cambio tan brutal?
Aun seguimos comprando pistolas a los niños, cocinitas a las niñas. Los mosuo no tienen una palabra para “violencia”, “asesinato”, “violación” o “cárcel”. Podemos ponernos a pensar el por qué…

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