
Aprendamos a vivir de la mirada, que es lo que nos queda.
Aprendamos a morir por las paranormalidades de la vida no perniciosas. Esas
situaciones y acciones asombrosas que hacen que más de 200 músculos actúen a la
vez para enseñarle tus dientes a la gente. Consiguiendo que pequeños
achiperres sin valor, por arte de magia y de manera párvula, y tras una
introspección psicosomática encuentres en ti, lo que buscabas fuera. Y como
un dandi ganapán consigas de forma confiada, no petulante, alzar la mano
sobre ese altar áureo y este zarramplín se convierta en pendolista para
conseguir un gesto risueño en los labios y los ojos de los que siguen las
trazas curvas y rectas de este lienzo arrancado de su utilidad.
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