El que tropieza y no cae adelanta camino.
Me arden las piernas, siento un cosquilleo que sube desde
el tobillo, pasando por el gemelo, rodilla, muslos y terminando en el glúteo, como si de una cremallera infernal se tratase.
Mi corazón me grita basta, mis piernas también. Cada vez
me cuesta más respirar, siento como si el aire que entra estuviera cargado de
Co2, sin oxígeno, mis pulmones se encharcan, siento humedad por todo el
cuerpo menos en la boca, que cada vez está más seca. Mi cerebro me pide por
favor que me detenga mientras empiezo a perder la noción del tiempo y el
espacio, no sé cuánto tiempo llevo corriendo, pero sé que más del que puedo
soportar… Algo dentro de mí evita que pare y continuo hacia delante,
tropiezo y caigo mareado, pero me levanto, todo a mi alrededor da vueltas
cual tiovivo, sin embargo, he tenido un segundito de respiro que ha hecho que
se recuperen mis pulmones, corazón y piernas, ¡puedo seguir corriendo!
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